domingo, 29 de octubre de 2017

LOS ARTISTAS

     COCINER@S

  
   - Buenos días
  - Buenos días, contesto cada día, a cada cliente o grupo de clientes que habitualmente entran en el restaurante. Este punto no admite dudas. Si entro en algún local y no me aplican esta práctica, o mucho me interesa o vuelvo por donde he venido.
   Pero prosigamos...mesa para cinco?... me pregunta uno de ellos mientras el resto continúa debatiendo sobre, la respuesta que la adjunta de dirección le soltó al representante sindical.
     Yo, continúo hacia la mesa en cabeza mientras el oído se me queda más atrás, (cosas que tenemos nosotros).
     - Aquí por ejemplo?
   - Si muy bien...me dice complaciente el primero de los caballeros al tiempo que se une a la conversación de sus compañeros. Los cinco toman asiento y entre tanto les ofrezco un aperitivo,
     - Un vemouth? un vino u otra cosa señores, antes de comer?.
     Enfrascados en su diálogo no parecen haberme escuchado, pero sí, solo que esperan a ver que dice el resto. Mientras, yo permanezco atento en pie delante de ellos mirando fijamente al que parecía estar mas por la labor (no se como pero se nota quien es el que se va a arrancar primero),
     - No gracias, tenemos un poquito de prisa (también a veces falla).
     - De acuerdo, enseguida les tomamos nota.
     Siguen hablando de lo suyo, un ratito y también durante el momento en que les están preguntando lo que quieren comer. Solo, y por turnos, se van evadiendo de la charla durante el corto espacio de tiempo que necesitan para hacer saber lo que les apetece.
     Así es el comienzo de cada aventura de cada mesa que entra en cada restaurante, una tras otra van poblando las, antes mesas desocupadas, y van tiñendo el comedor de grupos tan variopintos que rara vez se dirigen el saludo o tan siquiera se miran unos a otros.
     Mientras me muevo atendiendo de mesa en mesa, hay algunas ocasiones (ojala pudiera decir que siempre) en que vuelvo a pasar por aquella mesa de cinco que entró primera y están en completo silencio. Aquella trascendental conversación que momentos antes no podían abandonar si no era estrictamente necesario, sucumbió por fin.
     - Les falta un poco más de vino, señores?
   - Vino no, pero de este arroz con perdiz me podría estar trayendo toda la tarde, porque está espectacular.
     - Muy rico. -dice otro de ellos-
   - Ha de tener mucho éxito. -comenta el de su izquierda, antes de que pueda dar las gracias al anterior- estábamos hablando que no lo habíamos probado nunca, y esta estupendo.
     Lo que dijo el cuarto no se lo voy a relatar, pues fue mucho mas expresivo, pero le agradecí no menos el comentario.
     
     Esta situación, para mi, es lo que diferencia una comida de una experiencia. Una necesidad de un placer.
    Lograr que el mundo se pare. Que los comensales olviden lo que aquí les trajo y se centren mas en donde están. Que recuerden no mucho mas allá del bocado anterior. Que apoyados sobre la mesa exclamen ¡Vaya, que hora es! Tenemos que volver mas tranquilos a probar el de foie con boletus.
     Al marcharse, ahora sí todos, uno tras otro, te dan las gracias, y prometen no dejar pasar mucho tiempo para la próxima visita (algunas veces cumplen). Se deja entrever que dan por hecho, y he de decir que no siempre es así, que harás extensibles los agradecimientos al equipo de cocina.

     Y esto lo consiguen en gran parte las personas que, aun trabajando a un ritmo bastante exigente (y soy un poco liviano en la catalogacion del momento), y con temperaturas que en otros oficios tendrian que parar hasta que amainase el temporal, lo cual les sitúa en una perpetua "ola de calor" tratan de conseguir que sus arroces, carnes, pescados o lo que sea que hagan en el momento de turno esté mas que correcto, tanto en gusto como visualmente. Preparan durante cinco horas lo que han de servir en dos, y tardan en pasar del reposo absoluto a máximo rendimiento, lo que yo en decir: ¡Marchan tres! (en ocasiones, uno, se queda agarrado, pero la marea le pone rápido en su sitio).
     A veces (otras no), sobre todo cuando estrenas carta, observan sus creaciones en el pase, con la misma mirada que tiene la madre que da el pecho a su hijo recién nacido, esa primera toma aún en el paritorio (yo la he visto en un par de ocasiones en los míos y alguna que otra, en algún que otro cocinero, así es como diferencio yo las voces de los ecos).
Ensalada queso de burrata
     Aah, como les envidio, provocar esas sensaciones en la gente. Pero a la vez, como les compadezco por no poder contemplar en el comedor, esas caras que solo me encuentran a mi para explayarse.
     Yo me las quedo, pero sé que no son mías, sino de ellos, se lo hago saber pero...ya están dando de mamar a otro.
     Prometo decírselo mas a menudo si vosotros empezáis a suscribiros a éste blog, os he puesto un enlace arriba a la derecha.

1 comentario:

Enrique Valiente dijo...

Los clientes también deberíamos agradecer el esfuerzo de esos creadores que se sitúan dentro de la cocina.
Buena entrada Juan Antonio.
Enrique
Enrique

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