sábado, 11 de noviembre de 2017

PERSONAL DE LIMPIEZA Y OFFICE

     LOS INVISIBLES

     Corría el mes de mayo deeeeee, miiil novecientos oooochenta y uno creo, cuando una vecina de las de antes, con las que se hablaba y saludaba, y... (no como ahora que casi no las conocemos) le hizo saber a un chaval barbilampiño y un tanto alelado, que en el restaurante en donde ella trabajaba junto a su marido, estaban buscando personal de limpieza (mozos de office) para el periodo de comuniones, en principio los días festivos, cosa que a el a priori le podía interesar, pues le sería posible compatibilizarlo con sus estudios de electrónica, que cursaba con mas o menos fortuna por aquel entonces. El restaurante en sí se llamaba "EL GURUGÚ" y el joven pipiolo en cuestión no era otro que este, hoy, viejo carcamal.
     Fueron tiempos de juegos, furtivos baños nocturnos, primeras salidas y últimas notas, nuevos amigos y viejos.. pobres viejos, los disgustos que les dí tan seguidos.
     36 años separan aquel ayer de este presente. El tiempo no importa tanto para presumir de empeño y constancia, como para poneros en situación, y, a los que vivisteis aquellos entonces, preguntaros si recordáis algún lavavajillas en alguna cocina. Yo no. Solo guardo en mi memoria, unos fregaderos tan profundos como cada uno se pueda imaginar, capaces de albergar unas marmitas tan enormes como yo nunca había conocido, al igual que desconocía tantas cosas. Allí supe que existían chuletas de cordero mas pequeñas que mis manos. Nombres nuevos que empezaron a formar mi léxico gastronómico: Entrecotte, Solomillo, Paletilla, "espabila", Lubina, Dorada, Marcha, Pasa, "date prisa", Angulas (Jo..., angulas, y... eso se come?). ¿Quien conocía esos bichos que no viviera en el país vasco? Por aquel entonces solo me sonaban tres palabras: Carne, Pescado y Sopa. Con eso se vivía en la mayoría de los hogares humildes. Para mas inri, tampoco se podía recurrir al Mr. Google, tan solo preguntar y memorizar.
     El caso es que aquella temporada me sirvió para dos cosas: Valorar en lo sucesivo una labor, que podía ser divertida cuando el resto de los mozos son de tu edad, como era mi caso y en principio algo con aire pasajero que te proporcionaría unos dinerillos muy golosos, tanto, que a cualquier mente poco formada, le puede influir a la hora de encarrilar su futuro (no os cuento más, "de aquellos barros estos lodos"), pero que no obstante es dura, sucia y lo peor, invisible. La otra cosa que aprendí, fue, que había que salir de allí cuanto antes.
     En la época actual todo es algo mas fácil y asequible. No hace falta jugarse la vida en los abismos de aquellas fosas marinas que eran mis piletas. Pero no todo ha cambiado tanto, sigue tratándose de llevar a estado de revista (como se decía en la mili) un día tras otro, suelos, ventanas, baños, vajillas, cuberterías, loza.
     Cual día de la marmota, todo se repite en el tiempo, por que ese es el triste fin de su trabajo, "limpiar todo muy bien, para que pueda ser ensuciado, lo antes posible". Desalentador cuando menos. Los clientes agradecen la atención a los CAMAREROS los cuales transmiten dichos agradecimientos al equipo de COCINA.
     Y entre tanto manoseo y camaradería, la mayoría de las veces y a lo lejos, ellos solo acaban y se marchan, eso sí, con la tranquilidad de aquel que no le preocupa el estado en que vaya a quedar todo para el día siguiente. Saben que este como esté, siempre habrá que mejorarlo.
     Hasta pronto.

1 comentario:

Enrique Valiente dijo...

Amigo Juan.
Realmente no te fuè tan mal aquella experiencia en los fondos de los fregaderos. Hoy disfrutamos del gran profesional que eres.

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